La primera semana con un sistema de monitoreo casi siempre decepciona. El sistema funciona bien; el problema es que muestra todo junto: doscientas alertas de velocidad el primer día, cuarenta detenciones no previstas, ocho desvíos que en realidad eran errores de señal.
Lo que suele pasar es que el equipo intenta atender todo. A los diez días el operador deja de mirar las alertas y el sistema que iba a ordenar la operación se vuelve una pantalla que nadie abre.
Primero medir, después alertar
Los primeros treinta días sirven para otra cosa: para saber cómo se mueve la flota realmente. Cuántos kilómetros hace cada unidad, a qué velocidad circula en cada corredor, cuánto para en cada punto de carga. Sin esa base, cualquier umbral que se configure es una adivinanza.
Durante ese mes conviene dejar casi todo en modo registro, sin notificación. Los datos se guardan igual y se miran después con calma.
Las tres que sí van desde el día uno
Hay excepciones que no pueden esperar: el botón de pánico, la violación de precinto y el desvío de una ruta autorizada en operaciones de carga crítica.
El resto (velocidad, frenadas, detenciones, consumo) puede esperar treinta días. Cuando se encienda va a funcionar mejor, porque el umbral sale de la operación real y no de un valor por defecto.
Qué revisar al cierre del mes
Al final del período conviene sentarse con tres listados: las alertas que más se repitieron, las unidades que concentran eventos y las que no reportaron nunca. Ese último listado suele ser el más útil, porque casi siempre aparecen dos o tres equipos mal instalados que nadie había detectado.
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